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Casa Propia: El Sueño de todo Dominicano

Por José Rafael Sosa

 

Además de ser una legítima aspiración de toda familia dominicana (y del mundo),

 contar con un techo propio es además una oportunidad para ayudar a quienes

no tienen posibilidades reales de tenerla. Tener casa es un premio al trabajo,

la constancia y el ahorro de quienes

han tenido que dejar el país para trabajar y lograr algún patrimonio y, por otra parte

 ayudar a otras familias a lograr esa aspiración es más que una opción probable,

 un imperativo como cristianos que hemos llegado al mundo para hacer

todo el bien que podamos.

Hábitat para la Humanidad República Dominicana  se ofrece como camino para ayudar a ayudar.

 

     "Casa es casa y lo demás es caballá" dice el viejo refrán nacido en las lomas del Cibao, de acuerdo con el lingüista Max Uribe, en su diccionario de Dominicanismos. Y tiene razón el profundo estudioso de la lengua y padre de la que es hoy por hoy la madre del libro dominicano, Dona Virtudes Uribe, propietaria de la única tienda especializada en libros dominicanos, la popular y tradicional Librería La Trinitaria.

     De los bienes de familia, el más permanente y que genera mayor seguridad es la vivienda propia: un techo digno y seguro que aloje esta vital estructura en que se basa toda la sociedad. Debido a las limitaciones, dificultades y otros factores sociales que nos llevarían a una larga reflexión de culpas y condenas, el Estado no ha dado respuesta satisfactoria a la necesidad de vivienda de los sectores más necesitados. Y cuando digo el Estado, hablo de todos los gobiernos que se han sucedido en su ejercicio. La población ha crecido geométricamente y la oferta de soluciones habitacionales quedó rezagada en la carrera, atrás, que casi ni se ve.

     Muchas familias, al no tener respuesta a sus necesidades básica, debieron emigrar a otras tierras y especialmente a Estados Unidos, con la meca de New York como principal destino, y más recientemente a Europa, sobre todo a España. Se fue la madre o “jefa de familia”, y el padre o “jefe”, se pidieron los hijos o se hizo familia por allá, manteniendo siempre las raíces culturales, tradiciones, lenguaje, modo de ser, valores, actitud etc., buscando como poder vivir en mejores condiciones.

     La inmensa mayoría de esas familias hacen sus ahorros con la finalidad de volver a República Dominicana, aun cuando sea en etapa de retiro, y tener...al fin...su casa propia.

Mirar hacia los que no pueden... ¡ahora!

     Mientras esas familias dominicanas en el exterior trabajan para hacerse de los recursos, sus integrantes están pendientes cada día de lo que pasa en su país, envían remesas, invierten millones de pesos en tarjetas de llamadas, a veces para comunicarse diariamente, a fin de saber de los suyos, de su barrio, de su país. Y una misión que pueden ir haciendo desde ahora, es lograr que muchas familias muy pobres tengan su casa en República Dominicana.

     Para hacer posible ese sueño no tienen que donar todos sus ahorros y quedarse sin nada. No. Basta con desprenderse de unos pocos recursos para donarlos a los proyectos de Hábitat para la Humanidad República Dominicana, una entidad cristiana y sin fines de lucro que trabaja en esta labor desde el año 1986 y en los cuales se han construido más de 1,500 soluciones habitacionales en 9 comunidades del país, de las cuales aproximadamente 148 han sido mejoras de viviendas, para casi un total de 1,800 familias servidas.

     El plan no es asistencialista. Se rehuye del paternalismo que todo lo da a la gente, y que no aporta nada. Las familias beneficiadas reciben ayuda fundamental para tener sus casas: los materiales, mano de obra voluntaria, pero tienen que comprometerse a aportar su trabajo y a pagar cuotas de acuerdo con sus ingresos económicos para cubrir los costos de la vivienda.

     Las fotografías de las casas levantadas, todas en bloques y cemento, con su plato reforzado, con dos o tres habitaciones, sala, comedor, cocina y baño, hablan de lo que representa este esfuerzo. Y es una labor que se realiza gracias al sentimiento de humanidad que prima en mucha gente, incluyendo familias dominicanas como la suya que, residiendo en el exterior, tienen la responsabilidad de ayudar a resolver parte de los problemas más serios que tienen otras familias en el país. 

    Es ahora la hora de ayudar. ¡Colabora con la labor de Hábitat Dominicana!.

 

 

 
     



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