Una Casa con la ayuda de los Hermanos en la Fe
Testimonio de Isabel Espinosa
Redactado por Yvonne Núñez
Muchas teorías se han escrito acerca de la pobreza y sus causas, la mayoría de las cuales justifican una posición pasiva y cómoda frente a aquellos que viven en escasez, argumentando que cada cual es dueño de su propio destino, y por ende concluyendo en que los pobres que permanecen pobres, en cierta manera lo hacen voluntariamente.
Testimonio de Isabel
Este es el testimonio de Isabel, alguien que con mucha dignidad, lucho a través de su vida para salir de la penosa condición de vulnerabilidad y pobreza en la que por años permaneció junto a sus hijos, atravesando dificultades inimaginables para muchos de nosotros.
“Yo construí una casita con lo que yo ganaba con mi negocito y mi esposo la vendió, y yo me vine a dar cuenta cuando me fueron a sacar de la casa, y como yo no tenía papeles de la casa, pues no pude reclamar nada. Él había invadido esto aquí, mi esposo era que tenía esto invadido, y ya, como yo no tenía casa, lo que tuve que hacer fue meterme aquí, pues no me quedó de otra, y fue así como yo llegué aquí... El se casó con una señora con la que él decía que la señora le iba a ayudar a irse para afuera, porque era una señora muy rica, y como él tenía que buscar papeles para poder viajar, ese dinero él lo depositó en el banco para que le reconocieran que él tenía dinero en el banco para poder viajar. Me quedé sin casa, sin marido, y sin dinero”. Expresa Isabel.

Fotos: José Muñoz Contreras
Isabel Espinosa en su antigua vivienda
Sus Momentos Más Difíciles
“Tres meses después de haber vivido aquí, la policía se presentó aquí diciéndome que yo tenía que salir del lugar porque esta era área verde, pero era que había personas que no me querían aquí y se habían movido en contra mía. Y nada, como yo no tenía para donde irme, me tumbaron la casa y yo me quedé a la intemperie, y viví por dos años en una casita de lona. Tuvimos muchísimos encontronazos con la policía porque ellos querían que yo me saliera de aquí, pero ¿para donde me iba?”
“Esa cloaca se tapó, ese fue el momento más difícil que yo pase aquí, la cloaca se tapó y se desbordó, y esa cloaca cruzaba por debajo de mi cama... cuando eso, el árbol no estaba ahí, y ella se metía por ahí, la cama estaba pegada allá, y ella se metía así, y así duré yo casi dos años.” Hubo un momento en que nosotros tuvimos que separarnos, porque cuando me tumbaron la casa vivíamos en la casita de lona, y una noche llegamos y encontramos la casita derrumbada. Entonces ya no sabíamos que hacer, y lo que hicimos fue que nos dividimos y yo me quedé aquí sola.Fue ahí cuando yo comencé a estudiar la Biblia a fondo, porque al quedarme sola, y no tener ninguna responsabilidad de hijos ni de nadie, el Señor quería que yo estudiara la Biblia, que yo profundizara en la Palabra de Dios, porque de ahí fue que a mí se me despertó el interés. Yo abría los libros encima de la cama, y ahí me la pasaba estudiando. La cama era cama y era mesa.”
Su Fe
Pero a pesar de las adversidades, Isabel mantuvo sus ojos puestos en Dios, pues confiaba en que Él era poderoso para darle juntamente con la prueba, también la salida para poder soportarla.
“Otro de los momentos difíciles que yo pasé aquí fue: en la casita de lona en que yo estaba, una madrugada como a las dos de la mañana se desprendió un señor aguacero, y comenzó; llueve llueve, y llueve. Entonces la lona comenzó a coger agua, yo estaba acostada... cuando eso teníamos dos camas, y ahí dormíamos los cuatro, los dos varones en un lado, y en la otra las dos hembras del otro, entonces empezó a llover y a llover y a llover, y yo acostada porque la casita de lona era como de ese alto, yo comencé con un palito a puyarla, así, y yo decía: “Ay Señor, por favor, no permitas que la lona se caiga”. Y yo le hacía así, y la vaciaba a cada rato... pero el aguacero era tan fuerte, que yo le hacía así, y así, y yo decía “ay Señor, por favor, no lo permitas...” y yo, orando y orando, pero que va... en una como que los brazos se me cansaron y la lona se llenó e hizo así: ¡puff!!, y se rompió encima de nosotros” expresa Isabel.
“Y yo me quedé mirando el árbol así... Y mira fue algo que yo sentí que yo sé que no eran mis pensamientos. De verdad yo sentí que era alguien extraño que me decía: “Pero ahórcate!”. Y yo dije: “!Nooo! ¿Y por qué?” Entonces, cuando yo sentí esa voz yo miré así, y me acordé del Salmo 121 que dice: “Alzaré mis ojos a los montes, ¿De dónde vendrá mi socorro?”, Y precisamente estoy en un monte.”
“Entonces mi hijo comenzó a llorar, Franklyn. Yo tenía 4 sillas de estas pero blancas, y yo me senté en una silla, y... hay un corito que lo cantábamos en la otra iglesia que yo estaba, que dice: “tu estás vencido Satanás, tu estás vencido, y tu no puedes luchar conmigo, porque yo he visto, porque yo he visto, porque yo he visto la gloria del Dios vivo, y yo comencé a cantar... y yo comencé a cantar ese corito, entonces mi hijo comenzó a llorar y me dijo: Oye mami pero tú eres “la mejor”! Mira la situación que estamos viviendo y tu cantando... Y yo le dije: “Cállese la boca, cállese, que usted no conoce las cosas de Dios, y usted no sabe lo que está pasando aquí, usted no sabe quien es Dios, y esto lo está permitiendo Dios, así que cállate y acuéstate ahí mismo ahora”, y él se calló. Pero a mí me partió el alma, por la situación que estábamos viviendo, entonces yo tener que hablarle así, me dolió mucho, porque en ese entonces lo que él tenía era 14 años,” dice Isabel..
El Llamado a la Iglesia
En su congregación cristiana, Isabel era una mujer callada y sencilla, que no buscaba llamar la atención de nadie, muchos la veían como una hermana más, hasta que llegó el día en que alguien le ofreció llevarla a su casa, y se sorprendió al comprobar que una persona de su propia iglesia estuviera viviendo en una casucha, en tan pobres condiciones, y que en la congregación nadie estuviera al tanto. Así fue como empezó el interés de los hermanos por ayudarla, pero su caso no era fácil, pues en la República Dominicana adquirir una casa cuesta mucho dinero, y es muy difícil para cualquier persona cubrir ese costo.
La Respuesta de Dios
Pasaron casi cuatro años antes de que Hábitat para la Humanidad empezara su primer proyecto en la ciudad de Santo Domingo. Al abrirse esa puerta, los hermanos de su congregación sintieron el llamado de Dios a colaborar para que Isabel lograra obtener lo que por tantos años le había pedido a Dios: Un hogar digno y seguro. Entonces se pusieron de acuerdo para aportar, cada uno según su capacidad, con el propósito de cubrir el costo de la casa, cumpliendo así lo que dice la Palabra de Dios en II Cor. 8, “que la abundancia de unos pueda suplir la necesidad de otros.” Hoy, Isabel vive en una Casa Hábitat, ubicada en el Barrio Independencia de la ciudad de Santo Domingo.
“Yo le exhorto a cualquier iglesia o a cualquier cristiano que se una en esta ayuda porque esto es un movimiento que es el Señor que lo está haciendo, y debemos ser flexibles a la voz del Espíritu, y ser flexibles al llamado de Dios. Es un llamado de Dios que tenemos a ayudarnos los unos con los otros”, expresa Isabel.
Fotos: José Muñoz Contreras
Isabel junto a su hija y nietos en su vivienda Hábitat
|